Con atención veterinaria y mucho amor, su herida sanó y volvió a caminar sin dolor. Un mes después, una familia se interesó en su historia y decidió adoptarlo. Hoy Simón vive en una casa con patio y duerme bajo el sol cada mañana. Corre, juega y hasta acompaña a los chicos cuando van a la escuela. Nadie creería que alguna vez fue ese perrito asustado que llegó buscando refugio.

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