Con el tiempo, su pelaje volvió a crecer y su carácter cambió por completo. Se volvió curioso, juguetón y hasta protector con los nuevos perros que llegaban. Su historia llegó a las redes y un joven mecánico se enamoró de él. Hoy Coco pasa sus días entre herramientas, siestas al sol y paseos en camioneta. Tiene su propia cama en el taller y un cartel en la puerta que dice “Coco te da la bienvenida”.
